
El carro se detuvo en el paradero para jalar gente. Desperté y creí ver un hada, de esas que saltan de flor en flor dando más vida a cada una de ellas con sus sonrisas, como si pisara cada hoja y a la vez no; ni bien la punta de su pie tocaba la hoja y ya se encontraba en otra, eso fue lo que vi. Quizás por ser tan pequeña y bonita cada movimiento lo hacía fluidamente, con estilo; si eso existe en su vocabulario, suavemente y en cada movimiento vi inocencia. Como si pisara tierra y al terminar de pensar en eso; ella ya estaba en las nubes soñando con un sin fin de cosas que nosotros nunca podremos soñar e imaginar, que alegórico puede ser...
No pude evitar sonreír, no pude evitar pensar que ella se burlaba de nosotros, se burlaba de las personas que siempre te dicen “niño, pisa tierra”. Oh! Estoy seguro que ella sabe muy bien esta frase, puedo entender que ella sabe mejor que nadie, lo cruel que puede ser a veces eso, y aun sabiendo eso ella seguía burlándose de nosotros con cada paso hacia adelante que hacía. Por un momento la envidie, la tuve en un altar, la venere y me ilusione. Sí, era una pequeña niña la que se burlaba de nosotros, la de vestidito de colores pasteles, una cabellera juguetona y unos zapatos un tanto roídos. No sabía si trataba de correr o de caminar; y eso era lo de menos, solo era ella misma, única y a la vez igual a todos. Y se burlaba, o si, se burlaba de la manera más inocente que puedo imaginar y pensar en lo que ella imagina en este momento solo le causaría risa, no puedo llegar a donde esta ella y no espero hacerlo, no deseo romper este ilusión más pura que aquella niña me regalo. Algunas personas la miraban ciegamente, como si fuera algo raro…los raros eran ellos, aquellos que nunca más volverán a soñar en la nubes, porque tienen esa deficiencia; pero aquella niña seguía sonriendo alrededor de colores pasteles. El carro arranco y mientras se alejaba vi como su mama amorosamente sostenía su mano para que no pudiera caerse. Tras la lección me dispuse, en el corto tiempo que quedaba para llegar a mi destino, a soñar y recordar que solo bastaba una caja de cartón donde pueda entrar e irme a un lugar de ensueño, cumplir las metas que quedaron en el baúl de los recuerdos por más absurdas que sean, no sabes que gratificantes pueden ser algunas y que curiosas pueden ser otras. Sí, era una pequeña niña la que se burlaba de nosotros, la de vestidito de colores pasteles, una cabellera juguetona y unos zapatos un tanto roídos. La que me enseño una gran lección y me regalo la más inocente ilusión. Y si, ella era diferente por su cuerpo...¿pero eso importaba?
Etiquetas: Cuentos y relatos
23:13 | domingo, 29 de mayo de 2011